Se conocieron un día. Y a partir de entonces comenzaron a llamarse por teléfono. Y pensaban uno en el otro; ella en él, y él en ella. Y eran muy jóvenes y era la primera vez que ambos se enamoraban. Y esas llamadas por teléfono, esas largas llamadas de noche al principio pasaron a hacerse de día y con la llegada del día sus deseos cobraron bríos en la primavera, justo cuando los ojos de ambos enamorados comenzaban a llenarse de ilusión por las cosas buenas que ambos se decían y anhelaban cuando se veían en los parques y ambos caminaban sin prisa por los senderos, como el viento hace entre las hojas secas y los arbustos floridos. Y así quedaron de verse varias veces los enamorados y lo cumplieron, acaso para seguir ilusionándose y alimentar su alegría de enamorados que, como todo mundo sabe, sólo se complace en la intimidad de los dos que se aman, y así estos enamorados buscaban los rincones solitarios a donde quiera que estuvieran, con tal de estar uno frente al otro aunque fuera solamente para abrazarse. Pero estos enamorados no eran perfectos, como ningunos otros lo son, aunque esto, en aquel entonces ellos no lo sabían. Él sufría de él mismo, con la potencia inconmovible de su inseguridad así como de un egoísmo muy suyo y muy extraño, pero con todo, él la quería. Y ella estaba sola con sus sueños y sus estudios a la mitad y aún no era nadie, pero estar junto a él la ilusionaba sobremanera. Ambos pues eran muy jóvenes y aún ninguno de los dos era nada ni nadie en el mundo, todo estaba por venir, pero su amor, era como un árbol, un árbol que aparece de pronto en el monte sin que nadie sepa cuando nació ni quién lo plantó, un árbol fuerte, macizo y muy frondoso, ese árbol que es el primer amor, el que nace en los días de la dulce terquedad y la multiforme ilusión. El amor que sin recato y sin desear otra cosa que no sea la cercanía del sujeto amado, muestra una mirada que se mira a sí misma como si fueran los mismos ojos mirando el mismo espejo, mirada que quiere viajar además con las maletas vacías hacia la nación de aquellos otros ojos que también desean hacer lo mismo.
Punto a parte.